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Ley mordaza: del debate regulatorio a la discusión moral

Por Gabriela Oliván, Presidenta de WINN


10 de Septiembre de 2022 | Clarín



El 1° de septiembre Cristina Kirchner sufrió un intento de magnicidio. El Gobierno leyó los hechos y la respuesta no se hizo esperar. Esa misma noche, el Presidente Alberto Fernandez implementó 3 acciones correctivas. En el plano simbólico, declaró el feriado del 2 de septiembre y organizó una movilización de apoyo a la vicepresidenta. En el plano operativo, instruyó la presentación ante el Congreso, de la Ley Contra el Discurso del Odio.


A juzgar por estas medidas, el análisis del Ejecutivo es que este condenable hecho fue resultado directo de los mensajes de odio difundidos a través de medios de comunicación. Pero, ¿es correcta esta interpretación?


Por un lado, no podemos negar la influencia de los medios y las plataformas en la forma en que pensamos e interpretamos el mundo. De hecho, es a través de sus pantallas, micrófonos y canales como conocemos y nos informamos todo aquello a lo que no podemos acceder por nosotros mismos.


Sin embargo, atribuirles la responsabilidad sobre este hecho sería sobreestimar a los medios y subestimar a las personas.


Son excepcionales en la historia los casos en que alguien expuesto a mensajes de odio, toma la decisión de terminar con la vida de otro y por eso, parecería que la Ley Mordaza, como se la conoce, se asocia más a un esfuerzo político por limitar la libertad de prensa que a contener una fenómeno social.


Como plantea Roger La moral de los medios de comunicación, “las regulaciones deberían fomentar la alfabetización y esa alfabetización mediática debería ser un programa moral, un programa sujeto a permanente debate, jamás definitivo, pero siempre presente también en el discurso público y el quehacer privado.” Coincido. El debate no debería ser regulatorio sino moral. Y el tema no es sólo relevante porque afecta a la clase política sino porque nos afecta a todos y ese “todos” incluye también, a medios y periodistas.


El odio, el descrédito y los insultos hacia terceros expresados públicamente es la moneda de curso corriente y legal de nuestro tiempo. Nunca antes las personas tuvieron tan pocos filtros internos y sociales para agraviar a otros. Las redes sociales se convirtieron en el canal ideal para amplificar ese tipo de tóxicos mensajes que a veces son espontáneos y otros, cuidadosamente orquestadas con bots y recursos de lo más sofisticados.


La violencia online no es un mal que afecta sólo a los argentinos. Es un fenómeno global y es tanto el daño que produce a las personas y a la sociedad, que hay distintas iniciativas internacionales tratando de combatirlo.


La Coalición para Combatir la Violencia Online es una de ellas. Una iniciativa integrada por 60 organizaciones internacionales para ofrecer capacitaciones y apoyo psicológico y legal a los periodistas que sufren acoso online. Las mujeres, son el grupo más afectado. Según datos de International Women’s Media Foundation, el 73% de las periodistas ha sufrido violencia digital, el 20% de ellas también fue objeto de violencia física y 1 de cada 3 considera dejar la profesión a causa de ello.


En Latinoamérica, WINN (Women in the News Network) es la organización encargada de implementar estos programas dirigidos a personas y medios y en Argentina, está trabajando con el Grupo Clarín, La Nación e Infobae.


Combatir el discurso del odio implica promover un cambio moral en el que cada persona reconozca su responsabilidad hacia otros entendiendo que como plantea Sylerstone, vivimos un tiempo difícil con grandes tragedias, conflictos, intolerancia e indiferencia.


De la comprensión que tengamos de ese mundo, se definirá nuestra disposición y capacidad para actuar en él. Pero no sólo eso, determinará también la clase de sociedad que seremos.



Nota original: https://www.clarin.com/opinion/ley-mordaza-debate-regulatorio-discusion-moral_0_FT13OmQhu3.html


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